En un momento en el que la conversación sobre igualdad avanza, pero aún enfrenta resistencias profundas, la Dra. Liliana Aguilera Padilla, especialista en Igualdad de Género y Desarrollo Institucional, ha decidido transformar el discurso en acción. Fundadora de Mujeres Púrpura y creadora del Modelo MAI (Modelo de Aprendizaje para la Igualdad), su apuesta es clara: formar mujeres conscientes, seguras y capaces de cambiar su entorno desde lo personal hasta lo colectivo.
Mujeres Púrpura no es solo un nombre. Es una filosofía de vida.
¿Qué significa ser una Mujer Púrpura?
Ser una Mujer Púrpura implica decidir vivir con mayor conciencia. Es aprender a establecer límites, expresar lo que se piensa sin miedo a “incomodar”, dejar atrás la educación basada en la sumisión y romper con estereotipos que durante generaciones han limitado el desarrollo femenino.
Son mujeres que trabajan en su crecimiento personal, que recuerdan sus valores y que asumen que el cambio empieza por ellas mismas. Porque, como lo señala la doctora Aguilera, el proceso de transformación casi siempre tiene un punto de inflexión: ese momento difícil que obliga a buscar ayuda y a replantear la propia historia.
El púrpura —explica— es el color de la transformación. Y de eso trata este movimiento: de transmutar experiencias, heridas y aprendizajes en fuerza y autonomía.
Inspirado en El Libro Púrpura de las Mujeres Extraordinarias, el movimiento propone 14 pasos prácticos para que las mujeres construyan libertad, independencia y seguridad personal.

Actualmente existen 38 círculos de mujeres en distintas partes del país. Son espacios dirigidos por mujeres y para mujeres, donde se comparten herramientas, experiencias y aprendizajes que fortalecen la autoestima, la autonomía económica y la toma de decisiones.
Pero la meta es más ambiciosa: llegar a niñas y adolescentes. Dotarlas desde temprana edad de herramientas que les permitan tener voz propia y prevenir la violencia en cualquiera de sus manifestaciones. Romper cadenas desde la raíz.
México ha registrado avances significativos en materia de representación femenina en la vida pública. Hoy resulta natural ver mujeres ocupando posiciones de liderazgo político: una Presidenta de la República, una Gobernadora en Guanajuato y múltiples alcaldesas al frente de sus municipios. Para las niñas, observar mujeres en el poder abre horizontes que antes parecían lejanos.
Sin embargo, el panorama no es homogéneo. En el sector privado, por ejemplo, aún son limitadas las oportunidades para que mujeres accedan a puestos directivos. Persisten problemáticas graves como el matrimonio infantil forzado y la violencia familiar que, si bien hoy se denuncia con mayor frecuencia, no ha sido erradicada.
Para la Dra. Aguilera, la clave está en la educación.
“Cuando a una niña o a un niño les resulte extraño saber que antes se violentaba a las mujeres, sabremos que algo cambió”, sostiene. Ese cambio debe sembrarse desde la educación básica, eliminando la idea de que las mujeres son débiles o que los hombres no pueden ser sensibles, cuidar o expresar emociones.
No se puede seguir formando mujeres débiles o que no puedan decidir, ni hombres con dureza emocional. Los moldes deben romperse.
El papel de los hombres en la transformación
El pensamiento púrpura no excluye; invita a sumar.
Los hombres tienen una responsabilidad fundamental como modelos para sus hijas y para las nuevas generaciones. Muchas mujeres tienden a repetir patrones aprendidos en casa o, por el contrario, buscan lo opuesto a lo vivido. Por ello, la figura paterna y masculina tiene un impacto determinante en la construcción de relaciones sanas y en la percepción de la autonomía femenina.
Aportar al movimiento significa ejercer una masculinidad responsable, respetuosa y consciente, que impulse la libertad de las niñas y jóvenes, no que la limite.
Un llamado a pintar de púrpura el pensamiento
Entre más personas adopten el pensamiento púrpura, mayor será el avance hacia una sociedad igualitaria. Se trata de promover independencia económica, liderazgo personal y la convicción de que cada mujer puede ser la capitana de su propia vida.
La invitación está abierta para sumarse a esta filosofía transformadora y replicarla en cada círculo cercano: familia, escuela, trabajo y comunidad.
Quienes deseen conocer más sobre el movimiento pueden contactar a la Dra. Liliana Aguilera Padilla a través de sus redes sociales: @lilianaaguilerap.
Porque la igualdad no es solo una meta política: es una decisión cotidiana. Y el cambio, como el púrpura, comienza desde adentro.




















